TACONES: El corsé del siglo XXI

Tal vez el post de hoy sea controversial pero ya a esta altura sabrán que es mi estilo. “Mi único pecado es ser una mujer con carácter que sabe lo que quiere”.

Antes de empezar debo aclarar que parte de mi desprecio por los tacones es que no puedo usarlos. No los odio por no poder usarlos sino porque hacen que cada segundo de uso equivalga a una hora en el infierno. Tengo pie pronador y sendos juanetes. No me molestan los juanetes, es más me parecen lindos; siento que esa imperfección de mis pies los hace perfectos. ¿Tiene sentido? No sé, me encantan mis pies, siento que son más lindos que el promedio.

En fin, lo que quiero decir es que tengo “un desequilibrio en la estructura del pie que hace que sea imposible usar tacones”, en palabras de mi traumatóloga. Ya de por si me es doloroso usar calzado normal si tengo que caminar mucho. También vale aclarar que camino mucho diariamente cuando voy a cursar a la facultad, siendo 20 o 30 cuadras algo normal. Si uso botas o zapatos de cuero al final del día me quiero amputar los pies. En serio lo digo. Lo único que me salvan son las zapatillas del gimnasio, no convers, no zapatillas urbanas; tienen que ser las zapatillas más feas y grandes que tengo y con plantilla especial.

¿Pero quién quiere andar por la vida en zapatillas? YO NO. Así que me torturo con mis zapatos lindos con tal de que combinen con lo que uso diariamente para salir a hacer mi vida. Ya sé lo que están pensando: ¿qué tienen que ver los tacos en tu estilo de vida? Ciertamente nada para todos los días, ¿quién camina 30 cuadras y anda en micro con tacos de 10 cm? Yo claramente no. Pero tenía que aclarar mis problemas primero para que entiendan mi dolor y para que cuando llegue al punto no se enteren después y piensen que mi opinión es infundada.

El motivo principal de mi desprecio no es la deformidad de mis pies y mi incapacidad de usarlos, sino que son un instrumento de dominio machista y un símbolo del estereotipo de mujer ideal que debe ser estilizada, alta y con piernas largas.

Cada uno es libre de hacer de su vida lo que le parezca y por lo tanto de usar lo que quiera. El problema está en que cuando algo nos gusta, el 90% de las veces nos gusta por su simbolismo más que como objeto en sí mismo. Cuando a alguien le gusta la típica cartera matelaseada de Chanel, habiendo millones de carteras así en infinidad de tiendas, esa persona quiere la de Chanel por la marca y el lujo que representa. Pongo esto como ejemplo pero se entiende a lo que voy. Lo mismo con los tacones, las mujeres los buscan porque representan la belleza femenina más sensual, lindante con lo sexual y que llega a ser fetichista; porque quieren llamar la atención del sexo opuesto o el propio para marcar territorio o ejercer el poder. Ahora, ¿por qué esa necesidad de llamar la atención? Muchos pueden decir que está en nuestra naturaleza, como ritual social de cortejo, bla bla. Para mí no. Para mi es ponerse como objeto, ser mirado, ser deseado. No esta categóricamente mal, siempre y cuando seamos conscientes de lo que hacemos y por qué lo hacemos. Si buscamos pareja (para los fines que sean), por ejemplo podría estar bien pero si lo hacemos solo para sentirnos mejor, “sentirnos mujer” me parece que hay un grave problema de fondo.

Nuestro valor como personas no depende de nuestra imagen per se, pero es verdad que la configuración psíquica de nosotros como individuos está conformada socialmente. No somos islas, como decía Hugh Grant en una de sus películas, estamos atravesados por la cultura y, por ende, por las tendencias que impone la moda. A lo largo de la historia, la mujer fue tomada como un objeto que, entre otras cosas, debía tener la característica esencial de la belleza. Es en este sentido que los tacones devienen en objetos de un marcado simbolismo material, o sea que tienen un valor y un peso vinculado a esta concepción machista de la belleza femenina, o de la femineidad en sí misma.

El uso de este tipo de objetos, en definitiva, refuerza el discurso patriarcal que enuncia como una verdad universal que la mujer debe ser un objeto pasivo de belleza para ser admirado, seducido, conquistado y dominado. Esta concepción, que lamentablemente integramos a nuestra vida como una verdad natural o como parte del sentido común, ya sea consciente o inconscientemente, no es más que una concepción construida, que como toda concepción puede y en este caso debe ser destruida para construir otra mejor, más igualitaria y justa.

Ahora me dirán que esto no solo pasa con los tacones, sino que hay una infinidad de objetos de indumentaria y de otras categorías hechos con este fin. El problema con los tacones no es solo ese, sino que también son perjudiciales para salud, y en especial los que se estuvieron produciendo en este siglo.

Ya desde la época de Luis XIV existen, sino es que antes, y se han hecho más populares durante el siglo XX. Pero es en el siglo XXI cuando se  hacen masivamente altos, con alturas de 10 o 12 cm, a los que se les agrega plataforma para que sean más cómodos. ¿Qué es eso? Que se tengan que hacer más cómodos para mi es una señal de cuan errónea es toda su aura, más allá de que me resultan estéticamente demoniacos. Lo peor del caso es que se empezaron a hacer los tacos cada vez más finos, siendo el taco aguja el sumum de tan dramática y terrible situación.

Algunos ejemplos gráficos:

El-Sufrimiento-de-los-Taconesdolor por taconestacones1Escala de tacones También en el siglo XVI, y siendo más trágico en la época victoriana con la sumatoria de los guantes, había otra prenda de este tipo. Ya lo habrán adivinado por el título de esta entrada: se trata ni nada más ni nada menos que del corsé. Me resulta tan extraño y retrógrado que hayamos repetido la historia, ya que con el corsé también pudieron observarse consecuencias nefastas por su uso excesivo. Si bien las circunstancias del corsé eran mucho peores y más abarcativas, no estamos muy lejos con el uso de tacones. Ya las imágenes fueron suficientemente gráficas.

Hoy en día, pleno siglo XXI, los tacos se convierten en nuevos instrumentos del paradigma cultural dominante que “encorsetan” nuestra concepción de la moda, constriñendo nuestra visión de esta y llegando a cobrarnos de manera material al costo de nuestra salud y simbólica en lo atinente a nuestra dignidad como mujeres. Un costo demasiado alto que de ninguna manera vale la pena pagar.

Habiendo aclarado mi punto, vamos a la contrapartida: esto no es una quema de tacones. No está mal usar este tipo de zapatos, si te gusta está perfecto (es más yo tengo varios), pero no caigas en el discurso machista y en cuanto afecte tu salud y te haga sentir dolor ya deberían dejan de ser una opción. Recuerden que el taco saludable mide alrededor de 4 cm, usar más de eso por largos periodos de tiempo resulta nocivo.

Espero que esta nota sirva como plataforma de pensamiento, para disparar en todas nosotros la reflexión acerca del uso de tacones y de las implicaciones simbólicas que acarrea ser consciente de la importancia de cuestiones aparentemente triviales pero que en realidad revisten muchísima importancia, como la moda.

Entender que 10 cm de tacos no es lo que realmente nos eleva por encima de la mediocridad puede ser el primero y más importante de los pasos que nos hagan avanzar por el camino del autoconocimiento y la confianza en uno mismo.

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